Desde 2018, la expansión se ha ido desvaneciendo trimestre a trimestre, y lo que comenzó siendo un golpe temporal por factores que tenían fecha de caducidad ha terminado convirtiéndose en una situación que podría ser casi permanente. La prolongación de las tensiones comerciales, la transición demográfica, la baja productividad o el elevado endeudamiento (público y en algunos casos, también privado) son factores que no muestran visos de finalizar a corto plazo y que están lastrando el crecimiento de una Eurozona que en la actualidad se mantiene con vida gracias a la fortaleza de la demanda interna. Tras un primer trimestre en el que crecimiento del PIB sorprendió positivamente con un aumento del 0,4% (positivo porque fue mejor de lo que se esperaba no porque fuera bueno), el Banco Central Europeo prevé que está ya débil expansión se modere en los próximos trimestres.

Fuente: Síntesis Diaria, S.L.